← Volver
La reciente ofensiva policial en Río de Janeiro volvió a poner bajo la lupa al Comando Vermelho (Comando Rojo), la mayor organización criminal de Brasil y una de las más violentas de América Latina. Su origen se remonta a 1979, en el Instituto Penal Cândido Mendes, una prisión de la isla de Ilha Grande, donde presos comunes y militantes de izquierda compartieron celdas durante los años más duros del régimen militar.
De esa convivencia nació una alianza inesperada: los delincuentes aprendieron de los guerrilleros los métodos de organización, disciplina y adoctrinamiento político, mientras que los militantes encontraron en los criminales una estructura operativa para sostener su resistencia. Así, la combinación entre ideología revolucionaria y crimen común dio forma a la llamada Falange Vermelha, semilla del futuro Comando Vermelho.
El decreto-ley N.º 898 de 1969, que modificó la Ley de Seguridad Nacional, permitió que presos por delitos políticos y criminales convivieran en el mismo penal. El resultado fue un experimento explosivo: la violencia callejera se fusionó con la estrategia ideológica.
Uno de sus fundadores, William da Silva Lima, alias “Professor”, reconocería años después que la intención inicial era “luchar contra los abusos y la tortura en las cárceles”. Pero cuando los militantes fueron liberados, los delincuentes aplicaron esas enseñanzas al delito organizado. El ideal de resistencia mutó en un modelo criminal jerárquico y militarizado.
El 17 de septiembre de 1979, una matanza interna en el penal consolidó la autoridad del grupo y marcó el nacimiento formal del Comando Vermelho. Desde entonces, el lema fue claro: “unidad, respeto y justicia entre los presos”, aunque esa justicia se imponía con sangre.
Durante la década del 80, el grupo expandió su dominio desde las cárceles hasta las favelas de Río de Janeiro, controlando el 70% del tráfico de drogas en la ciudad y convirtiéndose en una fuerza paralela al Estado. Su estructura, inspirada en la lógica revolucionaria, incorporó jerarquías, códigos de conducta y un discurso pseudoigualitario para someter a comunidades enteras.
Lo que comenzó como una alianza en las sombras de la prisión terminó por transformar el crimen organizado en un poder político y económico. Hoy, el Comando Vermelho es una red que se extiende por todo Brasil y tiene vínculos internacionales con carteles de América Latina.
De un experimento carcelario nacido en la dictadura surgió un monstruo: una organización que combinó el lenguaje de la revolución con la brutalidad del crimen, y que aún hoy impone su ley por encima del Estado.
Noticias relacionadas