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Vecinos de Fray Mamerto Esquiú y Valle Viejo expresaron su preocupación por el incremento de enfermedades gastrointestinales, que vinculan con el mal estado del agua potable. Ante esta situación, solicitaron la intervención de la Defensoría del Pueblo y reclaman respuestas concretas a Aguas de Catamarca SAPEM, la empresa encargada del servicio.
El suministro proviene del Dique Las Pirquitas, donde se encuentra la planta potabilizadora que abastece a ambas jurisdicciones y a sectores del norte de la Capital. Según denuncian los vecinos, desde hace más de dos meses el agua presenta olor desagradable y color anormal, lo que los llevó a dejar de consumirla y recurrir al agua mineral para beber y cocinar.
“Estamos haciendo un gasto extra para algo que debería ser un servicio básico y seguro”, expresó Juan Pablo Acevedo, vecino de Fray Mamerto Esquiú, quien presentó una nota formal ante la Defensoría del Pueblo para que intervenga.
Preocupación médica y aumento de casos
El médico Marcelo Vildoza, quien atiende en la posta sanitaria de San Antonio, advirtió sobre un aumento de cuadros de gastroenteritis.
“De diez pacientes que ingresan a la guardia, seis o siete presentan vómitos, diarrea, dolor abdominal y fiebre. En esos casos, los pacientes refieren haber consumido agua de red”, explicó.
El profesional recomendó no utilizar el agua de red, “ni siquiera para lavar alimentos o hervir la comida”, y aseguró que algunos pacientes mayores requirieron internación por deshidratación.
En la misma línea, la pediatra Tania Piedrasanta manifestó su preocupación a través de las redes sociales. “El agua presenta un olor nauseabundo a algas podridas, un sabor desagradable y una apariencia que no cumple con las condiciones básicas de potabilidad”, escribió.
La médica enfatizó que “si el agua tiene olor o sabor, no es apta para el consumo humano” y pidió “controles públicos y explicaciones técnicas claras”.
La respuesta de Aguas de Catamarca
Ante las denuncias, Aguas de Catamarca SAPEM emitió un comunicado en el que informó que trabaja “para mitigar los efectos de las algas en el Dique Las Pirquitas”.
Según la empresa, las condiciones climáticas —como la falta de lluvias y el bajo nivel del embalse— provocaron una “proliferación natural de algas”, lo que genera “cambios temporales en el olor y sabor del agua”.
La compañía aseguró que los análisis físicos, químicos y microbiológicos “indican que el agua es segura para el consumo humano”, y que los casos de gastroenteritis detectados “corresponden a cuadros virales propios de la época”, según información del Ministerio de Salud provincial.
Asimismo, explicó que se están aplicando medidas correctivas, como el uso de carbón activado, cloro y purgado constante de la red, para mejorar la calidad del servicio, y recomendó a los usuarios mantener limpios los tanques domiciliarios y airear el agua antes de consumirla.
Reclamos y expectativa
Mientras la empresa insiste en que el agua cumple con los estándares de potabilidad, los vecinos y profesionales de la salud piden estudios independientes y controles públicos.
“Queremos garantías reales de que el agua que llega a nuestras casas no nos enferme”, planteó un vecino durante una asamblea barrial.
Por ahora, la controversia continúa abierta entre los reclamos ciudadanos, la preocupación médica y las explicaciones oficiales.
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