La ciudad correntina de Mercedes volverá a convertirse este jueves en el epicentro de una de las manifestaciones de fe popular más convocantes de la Argentina. Como cada 8 de enero, cientos de miles de personas se congregarán para rendir homenaje al Gauchito Gil, figura central de una devoción que, a casi 150 años de su muerte, mantiene una vigencia inalterable y una expansión que atraviesa generaciones, regiones y clases sociales.
La celebración de este año tendrá un condimento especial: el estreno formal de un nuevo santuario de grandes dimensiones, concebido para ordenar y contener el flujo masivo de fieles que año tras año desborda la zona. El complejo, de arquitectura contemporánea y fuerte impronta simbólica, busca jerarquizar el lugar histórico del culto y mejorar las condiciones de seguridad y servicios para los visitantes.
Antonio Mamerto Gil, conocido popularmente como el Gauchito Gil, fue un gaucho correntino que, según la tradición oral, murió en 1870 tras ser capturado por una partida militar. Desertor de las guerras civiles, bandido rural para algunos y justiciero para otros, fue ejecutado sin juicio previo en un monte de espinillos. A partir de ese episodio sangriento se construyó una leyenda que lo transformó en intercesor milagroso ante Dios, especialmente para los sectores más humildes.
La historia más difundida relata que, antes de ser degollado, Gil le advirtió a su verdugo que la sangre de un inocente podría salvar otra vida. Tiempo después, el hijo del militar enfermó gravemente y fue sanado tras invocar al gaucho, lo que dio origen a la primera cruz levantada en el lugar del martirio y al nacimiento del culto.
Desde entonces, la devoción no dejó de crecer. Cruces de madera, banderas rojas, velas encendidas y todo tipo de ofrendas se multiplicaron a lo largo de rutas, barrios y caminos rurales de todo el país. El rojo, color distintivo del Gauchito, domina los altares improvisados donde los fieles agradecen favores concedidos o renuevan promesas.
Con el paso de las décadas, el santuario de Mercedes se transformó en un espacio colmado de objetos simbólicos: placas, patentes de automóviles, vestidos de novia, elementos personales y recuerdos de figuras públicas, deportistas y excombatientes. Sin embargo, el crecimiento desordenado del lugar derivó también en problemas de administración, denuncias por irregularidades y episodios de violencia, lo que obligó a una intervención estatal y a un proceso de reordenamiento integral.
Como resultado de esa etapa, se construyó el nuevo santuario, inaugurado hace pocos meses. El complejo ocupa más de 400 metros cuadrados y combina hormigón y vidrio en una estructura de fuerte presencia visual. Incluye un amplio atrio para ceremonias, un oratorio íntimo con iluminación cenital, sectores comerciales regulados, áreas de camping y espacios de estacionamiento, con el objetivo de brindar mayor previsibilidad y seguridad durante las jornadas de mayor concurrencia.
La convocatoria trasciende las fronteras provinciales. Devotos llegan desde distintos puntos de la Argentina y de países vecinos, con una fuerte presencia de peregrinos del Gran Buenos Aires. La expansión del culto se explica, en gran parte, por la migración de correntinos hacia otras provincias y por el rol de los camioneros, quienes difundieron la devoción a lo largo de las rutas nacionales.
Aunque el Gauchito Gil no es reconocido como santo por la Iglesia Católica, la institución adoptó una postura de acompañamiento pastoral. Cada año, la celebración comienza con una misa en la Catedral de Mercedes y se realizan oficios religiosos en el predio. La Iglesia insiste en orientar la devoción hacia la cruz de Cristo y advierte sobre prácticas supersticiosas, sin desconocer la profunda raigambre cultural del fenómeno.
El fallecido papa Francisco conocía de cerca esta expresión de religiosidad popular, habitual en barrios humildes y villas urbanas. Desde el Vaticano, alentó la difusión de una novena dedicada al Gauchito, elaborada por sacerdotes correntinos, que invita a rezar por su alma y por la de todos los difuntos, sin promover su canonización.
A casi un siglo y medio de su muerte, el Gauchito Gil sigue convocando multitudes, consolidado como una de las figuras más potentes del imaginario religioso popular argentino. La celebración de este jueves en Mercedes promete, una vez más, ser una muestra contundente de esa fe persistente, ahora enmarcada en un santuario renovado y de escala monumental.