El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró que mantiene una “buena relación” con Delcy Rodríguez, la presidenta interina de Venezuela, y afirmó que Washington continuará supervisando el proceso de transición en el país caribeño por un periodo prolongado, sin establecer fechas concretas para la finalización de esa supervisión ni para la convocatoria de nuevos comicios.
En una entrevista concedida al New York Times, Trump evitó especificar cuánto durará la intervención estadounidense en el terreno político venezolano tras el operativo militar que terminó con la captura del exmandatario Nicolás Maduro. Consultado sobre si ese plazo sería de meses o años, respondió que “solo el tiempo dirá” y añadió que sería “mucho más tiempo” del que muchos imaginan.
El mandatario también ratificó que Estados Unidos tendrá un papel destacado en la reconstrucción económica venezolana, subrayando la importancia de su control sobre la industria petrolera. Trump afirmó que planea utilizar los recursos energéticos del país como parte de un plan de recuperación “muy rentable”, bajar los precios del crudo y reinsentivar la economía local, al tiempo que obtuvo lo que describió como “todo lo que consideramos necesario” por parte de las autoridades venezolanas actuales.
La relación entre Washington y Caracas cambió radicalmente desde la captura de Maduro el 3 de enero durante una operación militar estadounidense. A diferencia de lo ocurrido con el anterior gobierno venezolano, la administración de Trump ha mostrado disposición a trabajar con la líder interina Rodríguez, aunque no hubo una explicación detallada sobre por qué no respaldó formalmente a la principal figura opositora, María Corina Machado, para encabezar la transición.
Trump reiteró que no se fijará una fecha específica para futuros comicios en Venezuela, afirmando que es “prematuro” establecer un calendario electoral mientras se mantiene la supervisión externa de la transición política.
El eje central de la estrategia estadounidense, según el propio Trump, es asegurar que la explotación petrolera venezolana se integre al mercado global bajo condiciones favorables para ambos países y que los ingresos derivados de esa industria se utilicen para apoyar la recuperación del país y, simultáneamente, la producción estadounidense.
Las declaraciones del presidente estadounidense han sido interpretadas como un anuncio de supervisión prolongada en Venezuela, en un contexto marcado por la alta dependencia de los ingresos petroleros y el interés estratégico de Washington en los recursos energéticos de la región.