El gobierno de Brasil resolvió dejar de representar los intereses diplomáticos de la Argentina en Venezuela, en una decisión que se conoce a una semana de la intervención de Estados Unidos en Caracas con el objetivo de capturar al presidente Nicolás Maduro. El paso al costado responde a diferencias políticas entre la administración de Javier Milei y la gestión de Luiz Inácio Lula da Silva respecto de la acción militar impulsada por Washington.
Según informaron medios brasileños, la determinación fue adoptada por el Palacio de Itamaraty y comunicada tanto a la Cancillería argentina como a las autoridades venezolanas, incluida la presidenta interina Delcy Rodríguez. Desde el Ministerio de Relaciones Exteriores argentino, que conduce Pablo Quirno, evitaron pronunciarse oficialmente sobre el tema.
Brasil había asumido la representación de la embajada argentina en agosto de 2024, a pedido expreso del presidente Milei, en el marco de la ruptura de relaciones diplomáticas entre Buenos Aires y Caracas. Sin embargo, el reciente operativo estadounidense reavivó las tensiones entre ambos gobiernos sudamericanos.
Tras el ataque, la administración de Lula condenó la intervención militar y coordinó posiciones con otros países de la región para reafirmar el principio de autodeterminación y la soberanía de los Estados frente a acciones externas. Esta postura chocó de manera directa con la del gobierno argentino, que respaldó públicamente la decisión adoptada por la administración de Donald Trump.
Desde la diplomacia brasileña señalaron al diario O Globo que Brasil considera cumplida su tarea y que, dadas las nuevas condiciones políticas en Venezuela, otros países podrían hacerse cargo de la representación de los intereses argentinos.
Más allá del desacuerdo puntual, la salida de Brasil se inscribe en un escenario regional en reconfiguración, marcado por el nuevo protagonismo de Estados Unidos en la política venezolana. En ese contexto, no se descarta que el gobierno argentino evalúe reanudar en el futuro algún tipo de presencia diplomática propia en Caracas.
Durante el período en que Brasil custodió la sede diplomática argentina, el gobierno de Lula intervino en la protección de seis dirigentes opositores venezolanos vinculados a María Corina Machado, quienes permanecieron refugiados en el edificio de la embajada en medio de la persecución del régimen chavista.