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En los últimos diez años, el kirchnerismo —la corriente más influyente del peronismo en las últimas dos décadas— sufrió una marcada pérdida de apoyo popular. De las seis elecciones nacionales celebradas entre 2015 y 2025, el espacio solo consiguió imponerse en una: las presidenciales de 2019, con la fórmula Alberto Fernández–Cristina Fernández de Kirchner al frente del Frente de Todos.
La secuencia de resultados refleja un declive sostenido. En 2015, el entonces oficialismo fue derrotado en segunda vuelta por Mauricio Macri, que encabezó la alianza Cambiemos y puso fin a 12 años consecutivos de gobiernos kirchneristas.
En 2017, las legislativas consolidaron esa tendencia: el macrismo volvió a imponerse en la mayoría de los distritos clave, incluida la provincia de Buenos Aires, donde Esteban Bullrich derrotó a Cristina Kirchner en su intento por regresar al Senado con Unidad Ciudadana.
El kirchnerismo logró recuperar el poder en 2019 gracias a la reunificación del peronismo bajo el Frente de Todos. Alberto Fernández ganó en primera vuelta frente a Mauricio Macri, impulsado por el desgaste del gobierno anterior y el voto opositor al ajuste económico. Sin embargo, la gestión posterior se vio atravesada por la pandemia, la inflación y las internas entre el presidente y su vice, lo que erosionó rápidamente el apoyo popular.
Las elecciones legislativas de 2021 marcaron un nuevo golpe: el oficialismo perdió por primera vez desde 1983 la mayoría en el Senado, y Juntos por el Cambio avanzó en casi todo el país.
El golpe definitivo llegó en 2023, cuando Javier Milei derrotó a Sergio Massa en el balotaje presidencial, consagrando el ascenso de La Libertad Avanza y dejando al kirchnerismo en su peor momento político en dos décadas.
Finalmente, en las legislativas de 2025, el oficialismo libertario consolidó su predominio. Con el 40,6% de los votos, La Libertad Avanza se impuso en 16 provincias —incluidas Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y Mendoza—, mientras que el peronismo cayó al 31,7%, fragmentado y sin liderazgo claro.
Con estos resultados, el kirchnerismo perdió cinco de las últimas seis elecciones nacionales. El movimiento que durante años fue sinónimo de hegemonía política enfrenta ahora el desafío más grande de su historia reciente: redefinirse en un escenario donde nuevas fuerzas ganan terreno y la ciudadanía parece haberle dado la espalda.
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