Mientras el Senado de la Nación avanzaba en el tratamiento de la reforma laboral, las inmediaciones del Congreso se convirtieron en el escenario de una ofensiva violenta protagonizada por sectores de extrema izquierda. Lejos de un ejercicio pacífico del derecho a manifestarse, la jornada estuvo marcada por el uso de tácticas de guerrilla urbana y agresiones coordinadas contra los agentes federales encargados de custodiar el orden público.
Los incidentes escalaron cuando grupos identificados con el MST y el PTS iniciaron un ataque sistemático contra el vallado de seguridad. Según los registros visuales, el accionar no fue espontáneo:
Uso de explosivos: Se detectó y registró el lanzamiento de bombas molotov contra la línea policial, una táctica que busca infligir daño letal y destrucción material.
Daño a la propiedad: Los manifestantes procedieron a la rotura de veredas para obtener proyectiles, destruyendo infraestructura pública que es sostenida por el esfuerzo de todos los contribuyentes.
Tácticas de asalto: Empleando escudos de madera y tras retirar por la fuerza sectores del vallado, los agresores intentaron vulnerar el perímetro de seguridad del Palacio Legislativo.
Desde una óptica de libertad y orden republicano, el ataque constituye una violación al principio de no agresión (PNA). En una sociedad libre, el derecho a la protesta termina donde comienza la agresión física contra terceros y la destrucción de la propiedad.
Ataque a la función pública: Las fuerzas de seguridad actuaron bajo un mandato de contención, utilizando camiones hidrantes para mitigar los focos de incendio sin abandonar sus posiciones tras el vallado.
Agresión al individuo: El saldo de cuatro efectivos heridos (tres de Gendarmería y uno de la Policía Federal) evidencia que la intención de los grupos extremistas no era el diálogo, sino la coacción mediante el dolor y el daño físico.
El costo del vandalismo: La reparación de los daños en el espacio público recaerá nuevamente sobre los ciudadanos que trabajan, financiando con sus impuestos la reconstrucción de lo que la intolerancia política destruyó.
Hasta el momento, las autoridades han confirmado la detención de dos personas involucradas en los ataques directos. El Ministerio de Seguridad ha ratificado que se aplicará el protocolo correspondiente para identificar a los responsables de los daños materiales y las agresiones físicas, buscando que los autores de estos actos terroristas enfrenten las consecuencias ante la justicia.
El debate en el recinto, sin embargo, no se detuvo. La sesión continuó su curso, reafirmando que la violencia de las minorías no puede ni debe condicionar la voluntad de los representantes elegidos por el pueblo argentino para legislar en favor del empleo y la producción.