En un esfuerzo por revertir el deterioro edilicio y garantizar condiciones dignas de aprendizaje, el Gobierno Provincial avanza con la puesta en valor integral de la EPET N°3 "Telésforo Chanampa", en el departamento Tinogasta. La intervención, que forma parte de un plan que alcanza a más de 40 escuelas en esta etapa, apunta a resolver problemas históricos de infraestructura en una institución señera para la formación técnica de la región.
La remodelación no es solo estética, sino que aborda núcleos vitales del edificio escolar para adecuarlos a las normativas vigentes:
Renovación eléctrica: Adecuación total de la instalación para garantizar la seguridad de alumnos y docentes.
Aislación estratégica: Construcción de un sobretecho de chapa, fundamental para combatir las inclemencias climáticas y mejorar la aislación térmica de las aulas.
Sanitarios y aberturas: Mejoras integrales en los sistemas de agua y cloacas, sumado al recambio de aberturas y vidrios para mayor confort y seguridad.
Pintura y acabados: Refacción general de espacios comunes y aulas de cara al inicio de las clases.
Si bien la inversión en infraestructura es celebrada por la comunidad educativa de Tinogasta, el contexto general sigue siendo de preocupación. Como informamos recientemente, Catamarca es la única provincia del país que no alcanzará los 180 días de clases este año, según el informe de "Argentinos por la Educación".
En este sentido, los vecinos y padres de la EPET N°3 destacan que, aunque el edificio esté en condiciones, la calidad educativa depende también del cumplimiento de los acuerdos federales y de que la política deje de ser el "cáncer" que devora el tiempo pedagógico de los chicos.
La intervención en la "Telésforo Chanampa" se suma a las más de 100 escuelas intervenidas durante 2025. Según las autoridades, los trabajos se intensificarán durante todo febrero para llegar al inicio del ciclo lectivo con la mayor cantidad de establecimientos listos. Para el Oeste catamarqueño, contar con una escuela técnica moderna es vital para que los jóvenes puedan insertarse en la nueva economía, siempre y cuando las promesas de estabilidad laboral y seguridad en los yacimientos mineros —donde muchos de estos técnicos terminarán trabajando— dejen de ser solo palabras.