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Tinogasta: obras a destiempo, prioridades invertidas y una ciudad que espera

Entre espacios públicos inconclusos, servicios básicos ausentes y una seguridad que no llega, crece el malestar de los vecinos frente a un municipio que parece ir siempre detrás de los problemas.
09/01/2026 09:54 | Local
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Tinogasta transita el verano 2026 con una sensación que se repite en charlas cotidianas, redes sociales y encuentros casuales: la de un Estado municipal ausente frente a necesidades básicas que siguen sin resolverse. Las imágenes de obras inconclusas, estructuras a medio hacer y espacios públicos deteriorados no son una excepción, sino parte del paisaje habitual de la ciudad.

La escena en La Aguadita resulta elocuente. Tinogasteños que viven en otras provincias regresan cada verano para reencontrarse con su lugar, compartir un asado y disfrutar del entorno natural. Sin embargo, esta vez se encontraron con sectores sin sombra, instalaciones incompletas y obras que, como tantas otras, llegan tarde. La confitería luce renovada, la fachada mejoró, pero el problema de fondo persiste: las prestaciones parecen pensadas más como vidriera que como respuesta integral a quienes usan el lugar todo el año.

La pregunta que surge es inevitable: ¿las mejoras están pensadas para el vecino o solo para quien llega de paso? En pleno enero, con temperaturas extremas, la falta de sombra y de servicios adecuados no es un detalle menor, sino una señal de desinterés por el uso real de los espacios públicos.

Este patrón se repite en otros puntos de la ciudad. Calles en mal estado, desorganización del tránsito, semáforos que no funcionan y una planificación urbana que parece improvisada. A eso se suma una deuda simbólica y cultural que ya roza lo absurdo: el museo inconcluso, una obra que lleva casi una década sin terminar y que muchos ya llaman, sin ironía, el “elefante blanco” de Tinogasta. Año tras año, la misma pregunta queda sin respuesta: ¿por qué no se termina?

La falta de interés municipal también se refleja en un aspecto clave para la vida cotidiana: la seguridad. Tinogasta carece de un sistema integral de cámaras de seguridad en puntos estratégicos y de un centro de monitoreo moderno que permita prevenir y disuadir delitos. En una ciudad donde preocupan los robos, el avance del narcotráfico y los abusos en la vía pública, la ausencia de estas herramientas básicas resulta difícil de justificar. No se trata de soluciones mágicas, sino de decisiones políticas mínimas que otras ciudades, incluso más pequeñas, ya adoptaron.

Las imágenes del Centro Cultural —antiguo hospital— cercado, con cartelería deteriorada y materiales acumulados, refuerzan la idea de una gestión que anuncia mucho y concreta poco. Obras que empiezan, se frenan y quedan a medio camino; prioridades que no parecen alineadas con las demandas reales de los vecinos.

Llegados a este punto, la crítica no es solo a una obra puntual o a un servicio específico, sino a una forma de gobernar. Tinogasta parece avanzar sin planificación, sin una agenda clara y sin escuchar a quienes viven y padecen la ciudad todos los días. El descontento crece y la comparación se vuelve inevitable: para muchos, esta gestión municipal ya es recordada como una de las más débiles de la historia local.

La pregunta final queda abierta y es profundamente política: ¿seguirá Tinogasta esperando que las obras lleguen a tiempo, que la seguridad sea prioridad y que el vecino deje de ser un convidado de piedra? O, como temen muchos, ¿todo seguirá igual, con promesas recicladas y una ciudad que se acostumbra peligrosamente al abandono?

Temas: #Interes #Justicia #Lector

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