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Por qué la ropa es cara en la Argentina y qué cambios pueden mejorar el poder de compra

La presión impositiva y los costos financieros explican más de la mitad del precio de una prenda. Especialistas coinciden en que una baja sostenida de impuestos y reglas más claras podrían traducirse en precios más accesibles y mejor calidad de vida para los argentinos.
07/02/2026 10:35 | Nacional
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El alto precio de la ropa en la Argentina volvió a instalarse en el centro del debate público. Comparaciones con valores internacionales muestran diferencias significativas que no se explican solo por el margen comercial, sino principalmente por la pesada estructura de impuestos, tasas y costos que enfrenta toda la cadena productiva.

Según datos del sector, más del 50% del valor final de una prenda corresponde a impuestos nacionales, provinciales y municipales. A eso se suman costos financieros elevados —producto del uso masivo de cuotas—, alquileres comerciales y logística. En contraste, la porción que queda en la industria es reducida y muchas veces no alcanza para invertir, modernizarse o bajar precios.

Este escenario impacta directamente en el bolsillo del consumidor. Una remera, un jean o una camisa pueden costar en la Argentina entre 30% y 80% más que en países como Estados Unidos o España. La diferencia no está en la calidad del producto, sino en el llamado “costo argentino”.

Sin embargo, el contexto actual también abre una oportunidad. Con una inflación más controlada y un proceso de ordenamiento macroeconómico en marcha, el desafío pasa por avanzar en una reducción real de la carga tributaria y de los gastos que encarecen artificialmente los precios.

Desde el Gobierno se impulsa una agenda orientada a transparentar y recortar impuestos distorsivos, especialmente a nivel provincial y municipal. El objetivo es que producir y vender en la Argentina deje de ser una carrera cuesta arriba, y que el alivio llegue tanto a las empresas como a los consumidores.

Los especialistas coinciden en que, si se logra bajar impuestos, reducir el costo del financiamiento y ordenar alquileres comerciales, la ropa puede ser más accesible sin afectar el empleo ni la producción local. Esto permitiría que las familias destinen menos ingresos a vestirse y más a mejorar su calidad de vida.

En definitiva, el debate por el precio de la ropa no es solo económico: es social. Avanzar hacia un país con menos impuestos distorsivos y más competencia genuina no solo haría más barata una prenda, sino que ayudaría a construir una Argentina donde el salario rinda más y el consumo vuelva a ser un motor del desarrollo.

Temas: #Economía

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