En medio del ruido político por la renuncia de Marco Lavagna al frente del INDEC y la postergación del nuevo índice de inflación, el Gobierno nacional salió a mostrar un dato que busca llevar calma: según un cálculo oficial, la pobreza habría caído al 26,9% en el tercer trimestre de 2025, lo que implicaría una baja de más de 11 puntos en un año.
La estimación fue difundida por el Ministerio de Capital Humano y elaborada por el Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales sobre la base de datos de la Encuesta Permanente de Hogares. No se trata del informe semestral tradicional del INDEC, sino de una proyección que el Ejecutivo decidió comunicar en un momento políticamente sensible.
Desde la Casa Rosada aseguran que la mejora responde a la desaceleración de la inflación y a la estabilización macroeconómica. El mensaje es claro: ordenar la economía, aun con costos iniciales, termina impactando positivamente en los indicadores sociales.
Sin embargo, el contraste aparece rápido cuando se sale del Excel y se mira la vida cotidiana. En provincias del interior como Catamarca, la suba sostenida de tarifas eléctricas, agua, transporte y otros servicios básicos sigue erosionando el ingreso real de las familias. Aunque los números oficiales hablen de recuperación, la sensación en la calle es que llegar a fin de mes sigue siendo un desafío.
Además, el contexto no ayuda a reforzar la confianza: la salida de Lavagna del INDEC y la decisión de frenar el cambio metodológico del índice de precios reavivaron viejas dudas sobre la independencia de las estadísticas. El propio ministro de Economía, Luis Caputo, admitió que el nuevo IPC se postergó “hasta que la desinflación esté consolidada”, una frase que, para muchos, suena más política que técnica.
Desde una mirada liberal, el problema no es mostrar datos alentadores, sino pretender que los números reemplacen a la realidad. La pobreza no se combate con comunicados, sino con crecimiento genuino, empleo privado y menos presión impositiva sobre quienes producen y trabajan.
El Gobierno apuesta a que el orden macro termine derramando. El interior, mientras tanto, espera que esa promesa se traduzca en algo más concreto que un porcentaje optimista.