La madrugada de este jueves 12 de febrero quedará grabada como el inicio del fin para un modelo laboral que solo fabricó pobreza y exclusión. En una sesión maratónica de más de 16 horas, el Senado de la Nación dio media sanción a la reforma laboral impulsada por el Gobierno de Javier Milei, demostrando que la voluntad de cambio es inquebrantable frente a la resistencia de la casta sindical.
El resultado de 42 adhesiones frente a 30 rechazos no es solo un número; es el certificado de defunción de una "telaraña" de leyes obsoletas que mantenía al 43% de los argentinos en la informalidad. Como bien se expuso en el recinto, producir en Argentina se había convertido en una "culpa", y dar empleo, en un riesgo de quiebra inminente.
Los pilares de este triunfo libertario incluyen:
Muerte a los "Cuervos" del Litigio: La reforma pone límites a las indemnizaciones desaforadas y a los abusos de peritos y abogados que se quedaban con más del 50% de los acuerdos, asfixiando a las MiPyMEs.
Seguridad Jurídica para Emprender: Se crea el Fondo de Asistencia Laboral (FAL), un sistema moderno y previsible que quita el "miedo a contratar" que durante décadas paralizó el mercado interno.
Modernización y Desburocratización: La digitalización total de los registros laborales y la simplificación de trámites ante ARCA eliminan el peso del Estado sobre los hombros de los emprendedores.
Mientras en el recinto se debatía el futuro, afuera la CGT y los gremios kirchneristas intentaron, sin éxito, reeditar sus métodos de presión. El Gobierno vaticinó una marcha "minoritaria" y los hechos le dieron la razón: sin la capacidad de convocar a un paro general, la protesta quedó reducida a los sectores que se niegan a soltar "la caja".
A pesar de las amenazas violentas de ciertos sectores sindicales, el oficialismo funcionó como un "reloj suizo", manteniendo la disciplina en la votación en particular y logrando incluir puntos estratégicos como el traspaso de la justicia laboral a la Ciudad de Buenos Aires.
La pelota está ahora en el campo de la Cámara de Diputados. El oficialismo tiene la oportunidad histórica de sancionar el primer proyecto de reforma profunda desde el regreso de la democracia.
No se trata de milagros, se trata de libertad. Se trata de que cada argentino vuelva a ser dueño de su vida y de su esfuerzo, sin sindicatos extorsivos ni un Estado que le ponga la pata encima. La Argentina del trabajo real ha comenzado a despertar.