Nuevos documentos desclasificados en Estados Unidos volvieron a poner en el centro de la escena internacional a Jeffrey Epstein. A los ya conocidos vínculos del financista con figuras del poder global, ahora se suman dos elementos clave: chats privados con el estratega político Steve Bannon en 2018 y correos del Departamento de Justicia que confirman su presencia en el Cono Sur y una relación económica sostenida con el empresario argentino Roberto Giordano.
En los intercambios con Bannon, Epstein expuso una visión cruda y provocadora sobre el escenario geopolítico mundial. En particular, afirmó que China se encontraba en una posición de fortaleza frente a un Estados Unidos debilitado por divisiones internas, falta de continuidad política y rotación constante de funcionarios. Según sus contactos, Beijing avanzaba de forma sostenida en África, Corea del Norte y a través de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, con foco en puertos, logística e infraestructura estratégica.
Ese diagnóstico global fue el marco para una evaluación severa de América Latina. En los mensajes, Epstein describió a la región como “madura para el colapso”, con países atrapados en ciclos repetitivos de crisis. Mencionó a Venezuela como el caso más extremo: poseer las mayores reservas de petróleo del mundo y, al mismo tiempo, atravesar un derrumbe económico profundo. Brasil fue presentado como una futura “oportunidad histórica de inversión” una vez superada su inestabilidad política.
Argentina, en cambio, recibió algunas de las críticas más duras. Epstein aseguró que el país estaba “a punto de colapsar” y que “no tiene salida, otra vez”, marcando una lectura cíclica del fracaso económico. Según su visión, la dirigencia argentina se caracterizaba por la confrontación discursiva y la improvisación, pero sin capacidad de implementar reformas estructurales sostenidas.
En un comentario cargado de ironía, llegó a sugerir que Argentina debería convertirse en un gran productor de marihuana, a la que definió como “el bitcoin de América Latina”, reduciendo al país a una lógica meramente especulativa y oportunista.
En paralelo, archivos del Departamento de Justicia de EE.UU. revelaron que Epstein estuvo en Punta del Este en diciembre de 2016 y que mantenía un vínculo financiero con el estilista Roberto Giordano. La confirmación surge de correos electrónicos intercambiados con el ex primer ministro de Israel, Ehud Barak, en los que Epstein postergaba una reunión alegando un viaje urgente al balneario uruguayo.
Según los documentos, Epstein realizó giros de dinero a Giordano durante años, incluso una década antes de esa visita. Los fondos estarían vinculados a la logística de los megadesfiles del empresario, que reunían a modelos, celebridades y figuras internacionales del espectáculo y la moda.
Para los investigadores, esos eventos funcionaban como una fachada de prestigio que Epstein aprovechaba para ampliar su red de contactos en Sudamérica.

La revelación se produce tras la muerte de Roberto Giordano en noviembre de 2024. El estilista pasó sus últimos años en Uruguay, alejado del brillo mediático, luego de haber sido condenado en Argentina por defraudación al Estado y falta de pago de aportes a más de 500 empleados.
Mientras Giordano denunciaba en vida la “falta de seguridad jurídica” en el país, los archivos en Washington ya comenzaban a rastrear el origen de los fondos que financiaron sus años de esplendor.
Para la Justicia estadounidense, estos documentos abren una nueva línea de investigación sobre el alcance real de la red de Epstein en América Latina y el rol que habrían tenido los grandes eventos sociales como herramienta de penetración en círculos de poder y negocios.