Lavagna había llegado al INDEC durante la gestión de Alberto Fernández como parte del acuerdo interno del peronismo, impulsado por el Frente Renovador de Sergio Massa. Es decir, no era un técnico independiente: era un funcionario con origen político claro, algo que nunca terminó de cerrar dentro del nuevo esquema libertario que busca reconstruir credibilidad y transparencia en las estadísticas públicas.
En la Casa Rosada reconocen que la relación con el ministro de Economía, Luis Caputo, venía siendo tensa desde hacía meses. Las diferencias se profundizaron cuando se discutió el cambio en la metodología para medir la inflación. Lavagna quería aplicar la nueva fórmula de inmediato, mientras que el Presidente y Caputo sostenían que hacerlo ahora podía abrir la puerta a operaciones mediáticas y acusaciones de manipulación por parte del kirchnerismo.
Desde el Gobierno fueron claros: no se puede cambiar el sistema de medición en medio de un proceso de desinflación sin que la vieja política salga a ensuciar los datos.
A esto se sumaron críticas internas por errores técnicos en algunos indicadores, como la balanza turística, y por su falta de sintonía con el rumbo que hoy marca la gestión de Javier Milei.
En redes sociales, además, el tema explotó cuando cuentas libertarias recordaron que el INDEC seguía siendo manejado por un funcionario que respondía al espacio político de Massa. El mensaje fue simple: no se puede limpiar la economía con estadísticas heredadas del mismo aparato que la destruyó.
Finalmente, Caputo confirmó que Pedro Lines, hasta ahora segundo en el organismo, asumirá como nuevo director del INDEC. Según explicó, el reemplazo se vincula directamente con la futura implementación de una nueva fórmula del IPC, que se hará cuando la baja de la inflación esté consolidada y sin margen para sospechas.
La decisión marca algo más profundo: el fin de una etapa donde el INDEC era una cueva de acuerdos políticos y no un organismo técnico independiente. El desafío ahora es claro: recuperar confianza, terminar con la lógica del maquillaje estadístico y garantizar que los números reflejen la realidad, no la conveniencia de ningún espacio político.