← Volver

Fiambalá: jóvenes emprendedores defienden su derecho a trabajar frente a intentos de prohibición

Desde la plaza Beato Mamerto Esquiú, decenas de vecinos generan ingresos genuinos mientras sectores minoritarios presionan para restringir la competencia y la libertad de comercio.
03/02/2026 09:19 | Local
Imagen destacada

La plaza Beato Mamerto Esquiú de Fiambalá dejó de ser solo un espacio de paseo para convertirse en un punto de partida para el trabajo independiente. Con puestos sencillos, mesas improvisadas y producción a pequeña escala, decenas de jóvenes emprendedores ofrecen sus productos con un objetivo concreto: generar ingresos reales, ayudar a sus familias y construir, desde abajo, un futuro mejor.

Detrás de cada puesto hay historias de esfuerzo. Jóvenes que producen con sus propias manos, familias que acompañan y una convicción común: el progreso no llega desde el privilegio, sino desde el trabajo. No se trata de grandes volúmenes ni de rentas extraordinarias, sino de dignidad, aprendizaje comercial y apuesta al mérito personal.

La iniciativa surgió a partir de una gestión de la Juventud Radical de Fiambalá, que impulsó el uso provisorio del espacio público para que vecinos del distrito norte y de la ciudad pudieran vender libremente. La respuesta fue inmediata: la comunidad y el turismo acompañaron, recorriendo los puestos, comparando precios y ejerciendo su derecho básico como consumidores: elegir.

Ese éxito dejó en evidencia una realidad incómoda para algunos sectores del comercio tradicional: cuando hay competencia, hay mejores precios. En un contexto donde el bolsillo no alcanza, la gente compra donde puede. Y eso molesta a quienes prefieren mercados cerrados, protegidos y sin desafíos.

No tardaron en aparecer cuestionamientos con fuerte tinte político y corporativo. Voces minoritarias comenzaron a exigir restricciones, acusando a la feria de “perjudicar” al comercio formal. En los hechos, lo que se busca es limitar la libertad de trabajo de quienes recién empiezan y frenar el ingreso de vendedores de otros puntos que ofrecen productos más accesibles.

Desde el propio sector de feriantes lo dicen sin rodeos: un comerciante paga un impuesto anual bajo, mientras que un vendedor ambulante en pocos días tributa más que eso. Sin embargo, son los pequeños los que terminan señalados, cuando en realidad son quienes más arriesgan y menos protección tienen.

Trascendió que desde el municipio y el Concejo Deliberante se analiza algún tipo de regulación. El desafío será no caer en normas restrictivas que violen derechos básicos. La Constitución Nacional es clara: el artículo 14 garantiza el derecho a trabajar y comerciar; el 14 bis protege el trabajo en todas sus formas; y los artículos 9 al 12 aseguran la libre circulación de bienes. Ningún gobierno local está por encima de esos principios.

También preocupa el uso despectivo del término “mercado persa” para referirse a la feria. No es solo un error conceptual: es una forma de despreciar el esfuerzo de jóvenes y familias que venden honestamente para sobrevivir. No hay desorden, hay gente que se rebusca en un país donde el Estado no genera empleo y muchas veces solo estorba.

Las redes sociales reflejan el sentir mayoritario: “más competencia, mejores precios”, “dejen trabajar”, “el consumidor elige”, “los precios en Fiambalá son abusivos”. La comunidad entiende algo básico que algunos dirigentes parecen olvidar: sin libertad económica no hay progreso.

La feria no es el problema. Es la consecuencia de una economía asfixiada por impuestos, trabas y falta de oportunidades. Y al mismo tiempo, es una muestra de resiliencia social: cuando el Estado falla, la gente se organiza y trabaja.

Defender a los jóvenes emprendedores de Fiambalá no es ideología, es sentido común. Todo comercio fue alguna vez pequeño. Nadie empieza grande. Limitar la competencia y la libertad de trabajo no protege a la sociedad: protege privilegios.

En la plaza, cada puesto no es solo una venta. Es un acto de dignidad, esfuerzo y esperanza. Y eso, en una Argentina que necesita más mercado y menos prohibiciones, debería ser motivo de orgullo, no de persecución.

Temas: #Economía

Noticias relacionadas

Dejá tu comentario