Gabriela Sabatini quedó cautivada por los paisajes de Catamarca durante su reciente travesía por el Noroeste Argentino y Cuyo, y compartió un mensaje elogioso tras recorrer distintos puntos del departamento Tinogasta. La extenista visitó la Duna Mágica de Saujil, las Dunas de Tatón y la tradicional Ruta del Adobe, donde conoció iglesias históricas como la Virgen de Andacollo, en La Falda, y la Capilla Nuestra Señora del Rosario, en Anillaco.
En sus redes sociales, Sabatini expresó: “¡Argentina qué linda sos! Recorrido inolvidable por San Juan, San Luis, Catamarca y La Rioja. Gente cálida y hermosa. Vuelvo con el corazón lleno”, destacando además el trabajo de guías y guardaparques.
La visita de una figura de proyección internacional vuelve a poner en escena el enorme atractivo natural y cultural de Catamarca. Sin embargo, también deja en evidencia una constante: la provincia depende más de gestos simbólicos y publicaciones en redes que de políticas estructurales que conviertan el turismo en un verdadero motor de desarrollo.
Catamarca tiene paisajes únicos, historia y identidad, pero sigue sin resolver los problemas de fondo: falta de infraestructura, conectividad limitada, escasa inversión privada y un Estado que anuncia mucho pero transforma poco. El turismo crece más por la iniciativa de emprendedores locales que por un entorno competitivo y previsible.
Sabatini se fue con el corazón lleno. La pregunta es si la provincia podrá, alguna vez, llenar de oportunidades reales a quienes viven del turismo y no solo de elogios ocasionales. El potencial está. Lo que sigue faltando es un modelo que deje de administrar la pobreza y empiece a liberar el desarrollo.