El tratado Nuevo START, el último gran acuerdo de control de armas nucleares entre Estados Unidos y Rusia, expiró este jueves 5 de febrero de 2026 a las 00:00 GMT. Con su finalización, Washington y Moscú dejan de estar obligados a respetar límites y mecanismos de verificación sobre sus arsenales estratégicos, marcando un punto de inflexión en la arquitectura de seguridad heredada de la Guerra Fría.
Firmado por primera vez en 2010, el Nuevo START establecía un tope de 1.550 ojivas nucleares estratégicas desplegadas por cada país, lo que significó una reducción cercana al 30% respecto del acuerdo anterior de 2002. Además, habilitaba inspecciones presenciales recíprocas, aunque estas ya se encontraban suspendidas desde 2023.
El secretario general de la ONU, António Guterres, calificó el fin del tratado como “un momento grave para la paz y la seguridad internacional” y advirtió que el riesgo de uso de armas nucleares es hoy el más alto en décadas. En un comunicado, instó a ambas potencias a “volver a la mesa de negociaciones sin demora y acordar un marco sucesor”.
Rusia y Estados Unidos concentran más del 80% de las ojivas nucleares del planeta, por lo que la vigencia —o no— de mecanismos de control tiene impacto directo sobre la estabilidad global. En septiembre de 2025, el presidente ruso Vladimir Putin había propuesto una prórroga por un año del acuerdo, idea que Donald Trump calificó entonces como “buena”, pero que finalmente no prosperó.
Desde Moscú, el Ministerio de Relaciones Exteriores señaló que las partes “ya no están ligadas a ninguna obligación” bajo el tratado. Sin embargo, el asesor diplomático del Kremlin, Yuri Ushakov, aseguró que Rusia actuará con “prudencia y responsabilidad” y que sigue abierta a encontrar vías de negociación para garantizar la estabilidad estratégica.
En Washington, el secretario de Estado Marco Rubio recordó que, para un nuevo esquema de control de armas en el siglo XXI, Estados Unidos considera imprescindible incluir a China, debido al rápido crecimiento de su arsenal nuclear.
Las reacciones internacionales no se hicieron esperar. El papa León XIV alertó sobre el riesgo de una “nueva carrera armamentística” y llamó a sustituir “la lógica del miedo y la desconfianza por una ética compartida”. En la Unión Europea, Francia —la única potencia nuclear del bloque— pidió a Estados Unidos, Rusia y China que trabajen en un nuevo sistema internacional de control de armamentos, aunque responsabilizó a Moscú por los retrocesos en esta materia.
En tanto, la coalición global ICAN, que promueve la abolición de las armas nucleares, reclamó que ambas potencias se comprometan públicamente a respetar los límites del Nuevo START mientras se negocia un nuevo marco.
Con la expiración del tratado, se cierra una etapa de más de una década de regulación bilateral y se abre un escenario de incertidumbre, donde el desafío central será evitar que la competencia estratégica vuelva a traducirse en una escalada nuclear sin reglas claras.