Mientras en Wall Street se habla del tradicional “rally de Santa Claus”, el mayor festejo bursátil se trasladó a los activos argentinos. En una jornada positiva también a nivel global, las acciones locales registraron subas de hasta 11%, con el sector bancario a la cabeza, una señal leída por el mercado como ingreso de capitales que buscan posicionarse anticipadamente en la economía argentina.
Los bonos soberanos en dólares también cerraron en alza, con mejoras de entre 0,5% y 1%, mientras el riesgo país se mantiene en torno a los 550 puntos básicos. En el mercado ya se proyecta que ese indicador podría perforar los 500 puntos a comienzos de 2026, un umbral clave para el regreso pleno al crédito internacional.
Entre los papeles líderes, el ADR de Banco Supervielle encabezó las subas con un avance superior al 11%, seguido por Galicia y Macro. El repunte resulta significativo si se tiene en cuenta que el sector financiero fue uno de los más castigados del año y que, aun con la recuperación reciente, acumula una caída promedio cercana al 20% en lo que va de 2025. El rebote, en ese sentido, refleja más una expectativa futura que una mejora consolidada del presente.
Las acciones energéticas también acompañaron el movimiento, aunque con subas más moderadas. El retroceso del precio internacional del petróleo —que cayó a USD 55, el nivel más bajo del año— limitó el entusiasmo sobre el sector. Pese a ese contexto, YPF logró cerrar la jornada con una mejora cercana al 4,5%.
El renovado optimismo financiero se apoya en varios factores. Por un lado, las señales recientes del Banco Central, que anunció un cambio en el esquema de bandas cambiarias y el inicio de compras de dólares para recomponer reservas. El giro es leído como una respuesta a uno de los reclamos centrales del mercado: la necesidad de fortalecer el balance del Central para enfrentar eventuales shocks externos, algo que hasta ahora había quedado en segundo plano frente a la prioridad oficial de desinflación.
En paralelo, el frente político también influye en las expectativas, aunque no sin contradicciones. La media sanción del Presupuesto 2026 fue recibida con cautela por los inversores, especialmente tras las advertencias desde la Casa Rosada sobre su incompatibilidad con el objetivo de déficit cero. En el oficialismo ya dan por hecho que el texto deberá ser modificado en el Senado, lo que introduce un factor de incertidumbre adicional.
Aun así, el mercado apuesta a que el Gobierno logrará avanzar en su hoja de ruta económica. La expectativa oficial es volver al financiamiento externo en el corto plazo. El Tesoro dio una primera señal con una colocación local por USD 910 millones, considerada apenas un anticipo de una emisión internacional que podría concretarse en enero, bajo legislación extranjera y con tasas que rondarían entre el 8% y el 9% anual.
Si ese acceso al crédito se materializa, permitiría refinanciar vencimientos sin presionar sobre las reservas y habilitar un proceso de acumulación más sostenido. El propio ministro de Economía, Luis Caputo, anticipó que el objetivo sería sumar al menos USD 10.000 millones en reservas durante 2026, una meta ambiciosa que dependerá tanto del financiamiento como del desempeño externo de la economía.
El buen clima no fue exclusivo de los activos argentinos. En Estados Unidos, un dato de inflación menor al esperado reforzó las apuestas a una baja de tasas en 2026 y empujó al alza a los principales índices, con el Nasdaq liderando las subas.
El rally, sin embargo, convive con un dato central: gran parte del entusiasmo se apoya en expectativas futuras más que en resultados consolidados. El desafío para el Gobierno será convertir esa confianza financiera en señales consistentes y sostenibles, sin desvíos fiscales ni improvisaciones políticas que vuelvan a poner en duda el rumbo.